EL CARNAVAL HA TERMINADO

Fue siempre un misterio cómo nuestra hija Elisabet podía describir escenas de nuestro primer y único viaje a Brasil  en 1988. Un misterio porque su mamá tenía seis meses de embarazo y Lizzie (quien en ese tiempo fue confidencialmente profetizada para ser Juan) aún no había nacido. De cualquier forma durante los años que siguieron, una procesión de hermanas de la Escuela Bíblica sólo para mujeres liderada por la Doña Lidia, se llamaba Betel Basileiro en Joao Pessoa, se detuvo en nuestra casa en Nottingham de paso a las naciones. Priscila vivió con nosotros por varios meses y luego María Nascimento, conocida también como Ceda, siguió sus pasos y será recordada por siempre por la forma en que se fue tocando puertas a la hora de la comida en el área tan multicultural y conflictivo de Hyson Green  donde nuestra Escuela de Misión estaba asentada. Tan pronto como la ama de casa apareció tímidamente, Ceda quien llevaba una guitarra, le cantaría a ella acerca de Jesús. Siendo de apariencia nativa y presumiblemente tan oprimida por los residentes britanicos como lo eran los inmigrantes locales, no fue vista como una amenaza y le dieron la bienvenida. No pasó mucho tiempo antes de que fuera una gran final en una de nuestras Celebraciones de las Naciones que montamos todos los lunes pues se bautizó a una mujer Hindú con su vestimenta sari y quien ha permanecido fiel a Jesús desde ese mismo día. Ceda se casó con Gary, un taxista de la localidad y se establecieron en las misiones y el servicio social no lejos de nosotros, dejando una sonrisa, una felicidad contagiosa y una bendición a donde quiera que ella iba. Este fin de semana Ceda y Gary, recién retirados han tomado un vuelo de ida solo hacia Recife en Brasil, donde han restaurado una casa antigua y modesta con vista al mar y cerca del sonido de sus olas, en una parte del mundo, no como Inglaterra, donde la gente toca a su puerta para saber de Jesús y para recibir consuelo, enseñanza y oración. Sus lágrimas rodaron por sus mejillas cuando vinieron a despedirse y para dejar una invitación permanente para todos en DCI para visitarlos y permanecer con ellos, a tan sólo tres horas más de vuelo que los viajes a las Canarias. Para nosotros el 'carnaval brasileño' ha terminado, para Recife apenas empieza. Deseémosles todos lo mejor de Dios porque ello han dejado la fragancia de Cristo en nuestra ciudad.  

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