EL LÍMITE ES TREINTA

Fue nuestra primera y única visita a la trigésima Celebración de La Vid, en Lincoln el 28 de agosto de este año. Un buen grupo de músicos tanto clásicos como modernos y Chris Bowater en particular, eligió esta noche para repetir la música y las palabras que se habían apoderado de nuestras almas por cerca de tres décadas, hasta que los Kleenex aparecieron y las lágrimas de nostalgia y la presencia cercana de Dios fluyeron. Stuart Bell, el fundador de La Vid disertó acerca del viaje del pueblo de Dios quien se liberó de su cautividad, como cruzaron el desierto terrible y ahora ante el Rio Jordán decidió proseguir hacía adelante en lugar de regresar como algunos hubieran deseado, o acamparse a la vista de la tierra prometida como ciertamente muchos lo hicieron. Recordó su propia salida de un cautiverio religioso de hace treinta años y volvió a contar de las peleas continuas año tras año para conseguir la libertad, la que ahora gozaba La Vid. Para él regresar nunca fue una opción, domiciliarse en paz en lugar de entrar tampoco sólo fue como una tentación pasajera, iba a caminar hacia adelante pase lo que pase. Los aplausos largos y tan merecidos de repente se tornaron en un silencio de asombro cuando continuó, "Hoy celebramos la trigésima Vid, no habrá un número 31." "Vea," el Señor dice, "Estoy haciendo una cosa nueva," y aunque Isaías nos anima a recordar, recordar y recordar del pasado como combustible para el motor de la fe de la mañana, paradójicamente dice el mismo profeta que es tiempo de "olvidar las cosas pasadas" porque en el futuro Dios no obrará en la misma manera que antes. Así que dijo el fundador en 2012 no esperen un número 31 para La Vid sino el número 1 de nuevo. Esta palabra profética del Señor emocionaron a los muchos aficionados en la reunión pero más tarde en la quietud de la noche durante el viaje a casa nos causó que recordáramos nuestra propia salida de la opresión eclesiástica, luego el desierto terrible al cual entramos y el hecho de que por casualidad el próximo 27 de febrero nosotros también celebramos un trigésimo aniversario, el de 30 años de matrimonio y de ministerio juntos. En la única reunión que pudimos estar en La Vid, ¿es posible que la palabra del Señor para otros se transformó también en la palabra del Señor para nosotros? Así como nosotros, todos en DCI optamos por seguir adelante, sin capitular ni acampar a la vista de Canaán; ¿dirá Dios que nuestro límite es también el 30, que no habrá año treinta y uno igual de antes, y que el 2012 tomará tal giro que lo marcaremos como año uno de un movimiento nuevo de Dios? Necesita ser, puede serlo . . .

Nuestro agradecimiento a Ángel y Abigail, a Virgilio y María Jesús, a Pepe y Noemí, a Carmen, a Gloria, a Jean, 86 y Rosa 89. Vinimos a España la semana pasada buscando una manera de bendecirles, pero en una conspiración llena de bondad, en su lugar, todos de ellos insistieron en bendecirnos a nosotros.

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