CHAMPAN POR LA NOCHE
El teléfono timbró insistentemente muy tarde el martes por la noche, de
hecho pasado al momento de ir a dormir, mientras nos mirábamos con aprensión
uno al otro. Pilar, siempre más valiosa de lo que yo soy, fue a la cocina a
contestar. "Me voy a casar, me voy a
casar," se oyó una voz emocionada y chillona tan fuerte que incluso
estando en la sala, pude escuchar cada palabra, “Me voy a casar." Era nuestra hija Lizzie. Unos minutos después
ella y Zack llegaron a nuestra casa, con una botella de champan francés en sus
manos y aunque ya las ganad de dormir se había ido, aún así parecía un sueño.
Zack había preparado una excursión muy especial de día y tarde luego le invitó a
Lizzie a pasar a un salón previamente decorado con flores y con 284 velas
brillantes y ahí, después de cinco años de ser muy buenos amigos, él hizo lo
imposible, pilló a Lizzie por sorpresa y le preguntó, "¿Te casarías conmigo?” Lizzie llegó llevando un hermoso
anillo clásico de los años 1930 y ahora son las dos personas más felices en toda
la tierra de Dios. Tanto nosotros como John y Debby, los padres de Zack,
estamos realmente encantados. El champán francés hizo su efecto por la noche dándonos
a ambos varias oportunidades de disfrutar un pequeño paseo al cuarto de baño hasta
antes del amanecer, aprovechamos del los momentos para agradecer al Señor por
hacer una vez más todas las cosas bien.
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